26 de ago. de 2011

Messko

- En 1996 participé en el primer maratón de reciclaje organizado por Drap Art en Barcelona. Teníamos 24 horas para fabricar objetos a partir de un montón de residuos recuperados por la organización. Viajé desde Madrid con mi amiga Michel Siquot. Nos montamos una pocholada de taller con un sofá recuperado en una calle cercana a la carpa que nos protegió del diluvio donde descansaron Paloma y Fela después del abrasador concierto de Ulan Bator Trío. Michel fabricaba pequeños objetos y muñecos con cajas de cerillas, chapas, botones y tapones. Los ofrecía por un precio simbólico y si no encontraba comprador los soltaba en el río de lluvia que cursaba por el recinto. De la basura al desagüe, como los salmones moribundos arrastrados por el cierre de su ciclo vital. Yo me dedicaba a soldar circuitos electrónicos para armar incipientes doorags. Vendí algunos a un DJ local y otro turista del evento, pero nadie se interesó por la mezcla de un contador de gas alemán con ojos de muñeca, patas con ruedas, brazos de plástico, chapas de Fontvella y un circuito tuneado de pistola galáctica en vez de corazón. Era demasiado pesado para ser arrastrado por la corriente y decidí llevarle de vuelta a casa en recuerdo del fantástico fin de semana pasado entre mongoles, una amiga argentina y los rayos de la tormenta. Craso error...
La chatarra germana gusta a mis compañeros de piso. Hace ojitos, anda sobre ruedas, gesticula, canta y tiene un nombre exótico fundido en relieve sobre el ombligo: "Messko". Debió coger pulso fulminado por un rayo como el monstruo del Dr. Frankestein pero es como el robot María del profesor Rotwang de Metropolis que Messko encandila al personal. Posa para un disco de las Solex, enseña su trasero fundido en exposiciones de doorags, empapela las calles anunciando conciertos de Guiller Molmonje con la Luli y se convierte en el icono del espacio de Los Caballos De Düsseldorf. ¡Ni siquiera es un equino! Es en la red donde definitivamente Messko pierde contacto con la realidad, aquí encuentra aduladores dispuestos a acariciar su ego sintético "les gusta", son sus "amigos". Siguen su fantasiosa rutina como si los quehaceres de un excontador de gas tuviera el más mínimo interés para los lectores del "libro de caras".
Sepan antes de sucumbir a los encantos enlatados del robot más mono de la red, que no suena en estéreo, no tiene salida jack para reproducirse y como cualquier doorag se le sulfatarán las pilas. Cuando esto ocurra, tendrá que pasar por mis manos. Quizás encuentre un caudal suficientemente generoso para arrastrar su carcasa corroída hacia el fin de su ciclo. Igualito que un salmón.
- Quand j’ai connu Messko, il était compteur de gaz en Allemagne. Je rentrais à pied, fuyant les Carpates. J’avais malheureusement expérimenté la résurrection d’un cadavre que je croyais humain, mais que les villageois voyaient monstrueux. Messko voulait changer d’air et moi retourner ma veste. Sous la blouse blanche du docteur Frankenstein se cache la doublure en peau de bique du professeur Rotwang. J’arrache le compteur du tuyau de gaz et lui greffe le regard innocent d’une poupée, une pince en plastique avec des coudes en capsules d’eau minérale, des jambes à roulettes et un microchip court-circuité au cœur. Voici un robot mignon apparemment inoffensif en comparaison du monstre que j’abandonnais en Transylvanie. Cette fois, c’est pour plagia qu’on m’oblige à fuir de Metropolis. Messko m’accroche par la peau du coup et m’emporte, en trois coups de patins, jusqu’à la maison.il me sauve la mise; je l’héberge. Les années passent sans soucis. J’exploite son image pour décorer les disques de Solex et comme cheval de Troy pour cacher Les quatre Chevaux De Düsseldorf dans l’espace. Un soir je l’embarque au ciné voir « 2001 odyssée de l’espace ». Il tombe amoureux fou de l’ordinateur de bord H.A.L. Depuis il s’est inscrit aux petites annonces du Facebook à la recherche du profil d’Athur C. Clarke. Il raconte n’importe quoi à n’importe qui, dans l’espoir d’une amitié virtuelle. Voilà encore une expérience qui tourne mal. Je n’aurais pas du incruster les yeux de Bambi dans un compteur à gaz. Passons à autre chose…
Je retourne dans ma cuisine découper des tranches d’ADN.
- From time to time I put on my stereo the hardest record of my collection and listen closely in order to reach the G-spot in Gusto. For years I played this game with Captain Beefheart's Trout Mask Replica. Since I got the point and understood the music I'm now stimulating myself with Lou Reed's Metal Machine Music. I appreciate the intention, dig the concept, like the jacket, but it still sounds noise to me.
Circuit-bending is another musical experiment I practice. I take an integrated circuit from a toy, bend it and move it to a different box. Messko was built out of a ray-gun's IC put in a German gas counter with moving eyes from a doll, wheeling legs and plastic arms with mineral water taps on the elbow. When I connected the 3-volt circuit Messko took life. Aiming to define his own personality, the robot published his profile in Facebook. This is another record that resist to my understanding. Who cares about the taste of a sausage a connected friend is enjoying while posting the message? Is it a generous and uninterested information offered to the marketing meat industry? Or an anonymous multi-author narration of our virtual present? All those messages over the wall still sound noise to me. I hope Messko enjoys his cybernetic friends' poetry, after all he's just a Musical Metal Machine.