23 ene. 2014

Bill Viola

- En 2005 la fundación de "la Caixa" trajo a Madrid una exposición de Bill Viola, originalmente montado por el museo Paul Getty de Los Angeles. Para muchos fue la primera ocasión de contemplar de cerca los vídeos del artista. Un par de meses después estrenaría colaboración con Peter Sellars para la ópera Wagneriana "Tristan und Isolde" en el Opera Bastille de Paris. Esperamos nueve años la vuelta
de Bill por el pueblo. Con pretexto de la representación en el Teatro Real de Tristán y Isolda, siguiendo la mediática programación de famosos colaboradores operistas inaugurado por Marina Abramovic y Willem Dafoe, la alta cultura occidental está de vuelta. Como no cabemos todos en las exclusivas butacas, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando apartó unos cuadros para acoger 4 pantallas de Bill Viola. Los vídeos proyectados afinan con el coro pictórico del Museo en el registro emotivo. Unos actores iluminados como retratos pictóricos, filmados a cámara lenta, expresan emociones exuberantes del llanto al agobio, la furia y el ahogo. Los fundos son oscuros, los trajes neutros de colores uniformes. Los rostros mutan lentamente, sumergidos por la emoción, como el dolor apareciendo en la cara del santo o Mesías a medida que lo escrutamos. Salvo que aquí el movimiento es real. La emoción en estado puro liberada del mensaje político marcado por el encargo del poder religioso o Real de los retratos cercanos. Bill Viola amplía el género emulando la iluminación de los maestros clásicos añadiendo el movimiento; la evolución tecnológica de la tradición pictórica. Las imágenes de dos bustos hundiendo rostros en el agua deformadas por las ondas líquidas del chapuzo, recuerdan la distorsión carnal roja y azul de Francis Bacon, otro pintor inspirado por los cuadros presentes en la colección de la Real Academia.
Ante podéis pasar por la Sala Alcalá 31 siguiendo calle abajo, pasando el Casino de Madrid. Ahí podréis disfrutar de un par de cajas de luz iluminadas por leds de colores variantes, cortesía del mítico Brian Eno. Por desgracia el resultado es parecido al chill out de la terraza del Hotel Oscar con su logo de color mutante. El experimento sensorial de Brian palidece cerca de la representación emotiva de Bill.