28 oct. 2011

Jean Prouvé

- En mi niñez emigré de la isla chipriota a orillas del río Sena. En la Défense, estaban construyendo un barrio moderno donde nadie quería vivir mientras todas las compañías instalaban sus oficinas en modernas torres de metal. Todo parecía proyectado por Le Corbusier. En concecuencia no tenía aceras, ni bordillos de calles donde romper mis dientes, pero toda una red de parkings subterráneos para patinar y ventosas esplanadas entre rascacielos. En el jardín de hormigón florecían esculturas de Calder y Joan Miró entre el Cnit y la torre Nobel, dos edificios manchados por la huella de Jean Prouvé. Disfruté y disfruto con la curva recta de sus diseños. Jean Prouvé proyecta unas estructuras funcionales que trascienden los criterios ornementales. Esta tarde visité una expoción madrileña de su trabajo. En camino aprecié las entradas de los parkings, garages y otros arquitecturas bellas sin pretensiones estéticas. Me gusta el hormigón visto con la veta dejada por la madera del encofre, las estructuras vistas y los taburetes del Palentino. Quizás sea por haber crecido en un bosque de andamios donde, por suerte, el diseño de Jean Prouvé dejaba pasar la luz.