16 ago. 2013

E1000

El principal atractivo del graffiti es el anonimato... en principio. Cada uno imagina un autor al gusto del encuentro con las pintadas. Recuerdo uno fortuito por la calle Pizarro. Un chaval con dreadlocks y rotuladores retocaba manchas de la pared para dibujar caretos. Un señorito, también juvenil, le interpeló con argumentos higiénico-delictivos. Sorprendentemente el graffitero intentó establecer un diálogo estético con el sereno defensor del orden gris. Sonreí recordando el principio salvoconducto de las actividades callejeras alegales "lárgate evitando discusiones, a menos que la bronca haga parte de la performance". El señorito no parecía razonablemente performático y el diálogo enseguida giró al bochorno. Como no vivo en el campo busco inspiración en el paseo urbano. Me fijo en las pintadas sobre todo cuando se distinguen del mimetismo hip-hopero. Algunas intervenciones son tan sutiles o minimales que el ojo ajeno al safari gráfico, ni parpadea a su encuentro. Debe de ser la razón por la cual unos jóvenes emprendedores comisariales organizan visitas guiadas para transeúntes despistados en el barrio. Tomaré por ejemplo la firma del fontanero de Gas Natural el diapasón del Tono y las sombras trampantojos de E1000. Es verano son las 16:00, hace demasiado calor para buscar inspiración en la calle y sucumbo a la navegación pasiva de la red. De click en click, de link en link, me encuentro a la deriva en las infestadas aguas del despreciable nuevo canal Flickr, donde los gritos del náufrago serán vistos pero nunca más leídos por los marineros celulares de pantallas telefónicas. Me quejo, maldiciendo el creciente analfabetismo electrónico y de repente mi ojo pesca una imagen familiarmente sin comentarios. Una pared de pintadas llena mi pantalla. ¿Por eso lo llaman publicar en el muro? Unas formas geométricas coloreadas en degradados a lo Vasarely, perspectivas trucadas me proyectan en la calle. Acabo de cruzarme con 404 fotos de pintadas colgadas. O cómo convertir la autopista desinformada de Flickr en un paseo cinético. Reconozco las sombras de E100, pero ni rastro de su omnipresente firma sobre forjado. Los caretos aprovechados de las manchas me recuerdan los dreadlocks del chaval. El graffiti también funciona en la ciberespacio.